viernes, 12 de agosto de 2016

«Poética de la imagen» -Stefano Bonazzí

 
 
 
The cementery of umbrellas
 
 

lunes, 18 de julio de 2016

"Bajo la sal seguimos" -cuatro poemas de Yanko González



mossi, entiende

a modou kara faye
a. méndez rubio & e. falcón


El lenguaje es un virus que viene del espacio
El lenguaje es un virus que viene de tu hambre
El lenguaje es un virus que viene del cobarde.

El lenguaje es un virus que viene de tu pena
El lenguaje es un virus que viene del calostro
El lenguaje es un virus que viene de la cendra

El lenguaje es un virus que viene del que ama
El lenguaje es un virus que viene de la flema
El lenguaje es un virus que viene de tu serna.

El lenguaje es un virus que viene de la tráquea
El lenguaje es un virus que viene de la fiebre
El lenguaje es un virus que viene de la tea

El lenguaje es un virus que viene de la lágrima
El lenguaje es un virus que viene de tu bilis
El lenguaje es un virus que viene de la urea.

El lenguaje es un virus que viene de los nervios
El lenguaje es un virus que viene de la ataxia
El lenguaje es un virus que viene de la muerte.

El lenguaje es un virus que viene de tu muerte
El lenguaje es un virus que viene de tu cáncer
El lenguaje es un virus que viene de tu frío.

El lenguaje viene que es un virus del que calla.



que no quiere
         

          “Que
           no
           quiere
           morir
           como
           un
           perro
           nadie
           quiere
           morir
           como
           un
           perro
           todo
           ser humano
           merece
           no
           morir
           como
           un
           perro
           ha
           vivido
           como
           cerdo
           y
           no
           quiere
           morir
           como
           un
           perro”.

Son pesados*

Se desbandan. Meten la toalla en el escusado/ Excusados/ pero orinan el camastro/ y con el muro acarician la loza/ y claudia viene a ofrecerle un algo y regurguitan/ gritan: hoy es 1 de milnuevenoventa/ y se tiran los elefantes de porcelana blancos/ con la trompa arriba/ para la fortuna de invitarlos/ a mascar los masapanes/ porque han improvisado un blanco/ donde descargan el calor y encienden/ aquella hoguera con almohadas/ y de las fundas/ brotan mikimaus odiados/ Por suerte no tengo nada de Pene de Gatos/ "Pero Nosotros Cantamos"/ [hace siete horas que repiten eso]/ el humo vuelve azul el retrato de mi madre/ cuyo pelo hace círculos desprendiendo mermelada/ han enrrollado lirios con una sábana/ pero han dudado en prenderlo Claudia/ reparte algunos tabacos para calmar el ansia/ PLACEBO/ uno pone la punta [que por azar resistió el bordado] y la casa emana una z/ cierro algunas piezas/ han encontrado el refrigerador

 y quieren-que-traiga-la-cámara.

_________________

*A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie,
en el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta (R. Juarroz).



Bajo la sal

Estamos dos señales bajo la sal. Tomo de a dos tus manos
y corrijo sus goznes. Qué decirte que no emane de lo que dejé en tu seno.
Estamos a raíz bajo la sal/ sin esa posibilidad de eternos
trescientos treinta y seis minutos de mi tarde. Había varios de nosotros
bajo la sal pero sólo dos tenían pan
pero amarradas bocas para el choque. Leíamos a Uribe, un dandy
te decía para lamer los párpados, ajar nuestros costados.
Dónde quedó esa suspensión del pulmón
al retener el aire. Es que estamos
a más a varias a muchas señales bajo la sal.
Faltaba tu deseo. Hay marcas hay muchas marcas bajo la sal.
Espeso el labio ahora cruza tu mejilla y te pliegas/ lienza que ato a mi revés.
Bajo la sal seguimos. No tengo la temperatura
que hizo amoldar tu cuello/ tu grosor de ojo. No es Armando/ es tu mordaza/ lo que las
palabras escribieron: bajo la sal/ en villa/ sin soldada.
Me queda fijar el iris sobre la ropa muerta/ Sobre tu estela tenue.
Sobre ella hay otro iris.
Bajo ése
está la sal,

amor.

Yanko González







Más sobre el autor aquí.



Yanko González Rotterdam 2015 from CinemaSur Filmoteca on Vimeo.

lunes, 6 de junio de 2016

"Aparcados en la frontera" -dos poemas de Ana Becciu



La noche va siendo cosa…

La noche va siendo cosa

de aflojados breteles.

La noche va siendo cosa de afligidos breteles,

está delabrada.

Pobre noche sin aquella alba.

La tuviste. La guardaste. La cobijaste.

Y ahora, pensá un poco.

Los breteles:

nos cuelgan a vos.

Pechitos colgados de vos.

Amores redondos en los libros como pechos.

Ellos están allá.

Entre ellos.

Luchan por nosotros.

Por nosotros acá.

Acá es la zona extracomunitaria,

eso dicen.

Hagamos de cuenta que tienen razón.

¿Y de todos nosotros qué?

Porque nosotros eurocomunitarios un cazzo.

Aparcados en la frontera.

Olvidados.

Ajenados.

Ahí está la cosa.

La eurocomunitaria cosa:

ajenarnos.

Yo

y ella y ella y ella.

Mamá es ella

para siempre.

Mamá es extracomunitaria.

Extraeuropa.

La dama bien penada

se toca un pezón peinado.

Se lo tocan. Se lo tocan.

Nosotros. Nuestros pezones

arrugaditos.

La muerte, mamá,

vos no sos europea.

 


El país…

El país. Esa cosa.

Ese acoso.

¿Lo ves venir?

Las cosas que hace para distraerse,

yo.

Las cosas que hace.

Ni su mamá.

No, claro. Ni su mamá.

Porque ahí está la cosa.

La cosa. Mamá. Qué difícil escribirte.

Siempre voy tropezando.

Vamos tropezando.

Vos también, mamá, vos también

tropezás.

Con la cosa, mamá, con la cosa.

Vos también, mamá, tropezás

con mamá.

El escondimiento de todo ese dolor.

El escondimiento de nosotros.

El dolor es nosotros.

Escondidos. Como un dolor.

Vamos. Hagamos como que.

Nos queremos. Dolorcitos.

Dolorcitos ellos que se quieren.

Dolorcitos nosotros.

No nos quieren.

Al dolor nadie lo quiere.

Por eso se atraganta.

Puto. Porque es puto no lo

quieren, por puto.

puto en mi garganta.

Puto dolor.


domingo, 15 de mayo de 2016

«la catástrofe nos comerá el silencio» -tres poemas de Luz Souto


 

Octubre 

A tus plantas

insurgentes

sangran las lenguas.

Al final, el río 

te llevó. 

Delirio de llagas

te volviste transparente,

 y la condensación 

del espanto

se te cayó por capas.

La profecía se quedó

en puro hueso

acumulada

en las caderas de los aparecidos.

Insostenible

construir

en esta dulzura 

de ataúdes sin fuelles

donde arde la intemperie.

Desnudo la sangre

del tropel de muertos,

los nado.

La punzada en la boca 

me devora la historia. 

 

 

 

III

Estos versos no detienen la tragedia

aunque digan “paz” “pacto” “futuro”.

Aunque la multitud tenga orgasmos con

el vocablo “humanitario”, 

seguirás muriendo.

Una y otra vez te asesinarán

y hurgarán en tus muslos. 

La policía te acribillará

como un animal sin pasado.

El océano te encharcará la sangre. 

Aunque siga escribiendo

sobre tu memoria

la catástrofe nos comerá el silencio. 

 

IV


Necesito 

dejar de oler 

la tierra agrietada.

Cada madrugada

el suelo emana

diez muertos nuevos

debajo de mi cama. 

Los escucho agonizar,

cantar,

y hablar de revolución. 

Estoy cansada

de ponerles nombres 

para poder vivir.



Texto: Luz Souto
Fotografías: Elena Shumilova

martes, 19 de abril de 2016

«lo que bajo los escombros aún respira» -poemas de Alfredo Saldaña



Trampantojo

¿Qué advierte el vigilante
más allá de lo que muestra el paisaje?

¿Qué guarda quien protege
el emblema que da nombre
a los desaparecidos?

Velar por lo arrancado,
picar para ver
lo que bajo los escombros
aún respira.

Agrietar. Punzar. Taladrar.

Agujerear hasta dar
un mal paso y encontrarse
en el corazón del aire
con la raíz del sentido.

¿Qué golpe de luz,
qué destello en la noche
hará blanco en la belleza?

¿Qué realidad oculta la mirada
que en rigor no sea un trampantojo?


La vida en la frontera

La vida allí no vale nada,
es entrega y promesa de plenitud,
el lugar donde se abre
la herida de la posibilidad,
donde el territorio
que una mirada alcanza
indica la extensión
de un espacio inexplorado,
no inconquistable,
el resquicio por el que se intuye
que hay una oportunidad
más allá de este mundo.

Allí la vida no vale nada:
lo que se da y se pierde
es todo cuanto nos pertenece.


Anónimo

si acorralado, alejado, bárbaro, cautivo, confinado, deportado, deshauciado, desalojado, desplazado, desterrado, esclavo, excluido, exiliado, expatriado, expulsado, extraño, forajido, forastero, fuera de la ley, fugitivo, hostigado, ilegal, impío, inmigrante, olvidado, outsider, perseguido, perroflauta, postergado, proscrito, refugiado, relegado, salvaje, sin papeles, sitiado, vejado, wet back…

que mi patria sea esa otra que tiene por nombre extranjería


Cueva

Bajo la superficie
hay una mano abierta
que escucha
lo que unos ojos trazan
en silencio
sobre las estrías del tiempo.

Allí eres lo visible

entrando en lo invisible.


Alfredo Saldaña, de Malpaís.

viernes, 25 de marzo de 2016

"y esa soledad suspendida" -cuatro poemas de Ernesto García López


 



y

esa soledad

suspendida

pequeña

vivísima

desmiente insomnios

 

la única que puede sostenerme

sobre este instante de lodo

quien cruza la noche lleva un pedazo

del mundo

 

las invisibilidades tu boca

las mejillas nunca olvidadas

las botellas titilando tu sonrisa de nuevo la luz

y

el infinito caos que se balancea

sobre las piernas de los apartamentos

 

quien cruza la noche lleva un pedazo

del mundo





ASAMBLEA I



la carne forma un pálpito que acaricia, traspasa, transita tan nuestra y cotidiana, cumple palabra en cielo, olores, la historia de las columnas, de las marchas indignadas, ciudad que nunca fue, dormida, inexistente, grande en otra lengua, como ola, si pudiéramos recomponer el alma antimoderna, en una clara perspectiva de sufrimiento de clase, de dominio sin boca, todo aquello que picotea y extiende su mal, frágil y firme, duro y transfigurado, bulliría de esferas, nombre, nombre, sentido acaso, extendido dolor que repta a través del año y la lejanía, como un fulgor vegetal pues desde las cuatro palabras se sabe estéril y por eso navega al origen, para preguntarse, sí, exigir lo justo, aquello que lo alimentó durante toda una ausencia, sería un descenso hacia objetos fundidos, o esa historia que sopla por encima de la piedad y estás tú, indocumentado, perpetuo en espumas, mirando los siglos que caen sobre el arenal, iluminando calladas resistencias, es el espejo, es la melodía que se pudre en su asombro, lo que persiste, lo que atraviesa incertidumbres, lo que se ignora, a fuerza de humeantes estrellas, todos los cuentos de la casa, y todas las casas evaporadas por traiciones y desconsuelos, contaminados, los que se van, un viaje, presencia aquí, convocada por esta voz rebelde que no tiene imagen detrás sino una vida, u-n-a v-i-d-a en llamas por los cuatro costados, mensajera infinita, vienes a este mal porque se prolonga y tarda,



apenas te sostiene

 

 



ASAMBLEA II

falso destino, tanto mirar el cortante sueño que teje madrid, la contemplación de un descenso por calles empedradas que, suaves, fluyen hacia la acampada, desaparecen tras los administradores de fincas, así trabajosamente tu cuerpo funda una ciudad encima de ésta, rescatada, desaparecida hace años de la memoria y el recuerdo, liberada hoy para el amor y tendida hacia su música, que es tanto como decir esperanza-tajamar, silencio libre rondando los malecones, la transparencia es un fragmento, la transparencia lleva una algarabía, la transparencia conoce el magma, se trata (al fin y al cabo) de sobrevivir, resbalar hacia el conocimiento del mundo, hay espacio suficiente para el nombre, luego miramos la sed del plenario y la salmodia del fracaso, son una misma cosa, la palabra encierra su propia mudez e insiste, trasnocha, taconea palabras y tabernas, cuerpos y tabernas, circunstancias y cuerpos que nunca se reconocen porque llevan un cortejo de  preguntas ¿costumbre o soledad? ¿causa del aliento este amanecer donde se guarda tu propia inconsistencia?, agita, leve descanso, vienes a este mal porque se prolonga y tarda,


apenas te sostiene







ASAMBLEA III


sin ser, ave de pescadores, en marcha contra los que desahucian, destello que bajo las nubes ayuda a la otra luz, podemos servir   al capitalismo, podemos levantar el verdugo contra el bálsamo de las colinas, escalar, subir, ahogar la tierra como este horizonte humano, floración de lo contrario, cuando un punto de referencia se borra entre las manos de los adolescentes y hace falta un rostro que brote contra sí mismo, pues en Sol no hay mensajeros, ni esporas de sangre, sólo mi ojo que se vuelve tumulto por donde merodea el amor, no detallaré los sonidos que hace este amor, pero quiero esmaltar ese pequeño acervo de nada, sombra unida al capitalismo que ser- vimos como locos exaltados, un valle que no se expande hacia su descanso sino que dibuja el propio río que apenas se recuerda, recibe los dones de la brizna y el acecho, el campo concertando su abrigada liquidación, prehistoria de máscaras, y la alerta de un lenguaje encallado en el presente, así vienes a este mal porque se prolonga y tarda,


apenas te sostiene


Ernesto García López, de Todo está en todo (Amargord, Madrid, 2015)

domingo, 21 de febrero de 2016

"y el amor, fuera lo que fuese, como una infección" -un poema de Anne Sexton

















Esperando morir

Ya que lo preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Después, casi innombrable, vuelve la lujuria.

Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida.
Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol.

Pero los suicidas tienen un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me pronuncié tan claramente,
poseí al enemigo, me comí al enemigo
le arrebaté su oficio, su magia.

Así, grave y pensativa,
más tibia que el agua o el aceite,
descansé, babeando por el agujero de la boca.

No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja.
Ni siquiera había córnea o restos de orina.
Los suicidas ya traicionaron al cuerpo.

Nacieron muertos, aunque no siempre se mueran,
y, deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta un chico podría mirarla y sonreír.

¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua!—
eso, en sí mismo, se vuelve una pasión.
Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado,

con todo, año tras año me espera,
para deshacer con delicadeza una vieja herida,
para soltar mi aliento de su prisión insana.

Compensados así, los suicidas se encuentran a veces 
furiosos con el fruto, una luna inflada,
dejan el pan que confundieron con un beso,

dejan la página del libro abierta por descuido,
algo sin decir, el teléfono sin colgar
y el amor, fuera lo que fuese, como una infección.




Wanting to Die
Since you ask, most days I cannot remember.
I walk in my clothing, unmarked by that voyage.  
Then the almost unnameable lust returns.
Even then I have nothing against life.
I know well the grass blades you mention,  
the furniture you have placed under the sun.
But suicides have a special language.
Like carpenters they want to know which tools.
They never ask why build.
Twice I have so simply declared myself,  
have possessed the enemy, eaten the enemy,  
have taken on his craft, his magic.
In this way, heavy and thoughtful,  
warmer than oil or water,
I have rested, drooling at the mouth-hole.
I did not think of my body at needle point.
Even the cornea and the leftover urine were gone.  
Suicides have already betrayed the body.
Still-born, they don’t always die,
but dazzled, they can’t forget a drug so sweet  
that even children would look on and smile.
To thrust all that life under your tongue!—
that, all by itself, becomes a passion.  
Death’s a sad bone; bruised, you’d say,
and yet she waits for me, year after year,  
to so delicately undo an old wound,  
to empty my breath from its bad prison.
Balanced there, suicides sometimes meet,  
raging at the fruit a pumped-up moon,  
leaving the bread they mistook for a kiss,
leaving the page of the book carelessly open,
something unsaid, the phone off the hook
and the love whatever it was, an infection.